Recuerdos Personales de ese Laudo

1977, campeones despu√©s de 15 a√Īos!!!. Como se vivi√≥ ese d√≠a, contado por nuestro recordado Jorge Bascary.

El título fue largamente celebrado en una noche inolvidable. No era para menos. Ser campeones otra vez, significaba una alegría inmensa, una satisfacción merecida por la que mucho se había bregado, superando toda clase de contratiempos. Desde 1962 no se conseguía ganar un Anual y el último título conseguido había sido en el Iniciación de 1963.

A la distancia, en el tiempo, rememoro la celebración como una reacción espontánea de dar escape a tanta tensión vivida. La postergación de años, sumada a la imperiosa necesidad de ganar ese partido clave como única manera de dejar atrás los fantasmas y ganar el campeonato nos tenía obsesionados. Las circunstancias habían condicionado a todos los que estábamos cerca del plantel. Solo se pensaba “en eso”. Durante la semana se había trabajado bien, tratando de no trasladar la ansiedad a los jugadores. En la víspera creció el nerviosismo. Sabíamos que no quedaba nada más por hacer, solo esperar, velar las armas, cual si fuera una batalla.
Llegado el día, temprano por la mañana, nos juntamos en el club con el pretexto de ver jugar las divisiones infantiles. Temprano también se ahondó la incertidumbre, con el rumor primero y la confirmación después, de una lesión de “Yayo” de la Vega. El sábado le habían partido una ceja ¡¡¡jugando al fútbol!!!. Lo que pareció una irresponsabilidad era una muestra de que los jugadores, al contrario del entorno, estaban distendidos en las horas previas.

Julio Paz decidió incluirlo, pese a todo. Había pensado reemplazarlo, pero no lo hizo. Ambato” Galíndez le practicó al “Yayo” un impresionante vendaje para protegerle la zona herida y suturada. La determinación de Julio, criticada por más de uno, resultó acertada pporque produjo una reacción positiva. La contingencia aumentó la adrenalina en los protagonistas. La presencia en la cancha del “herido” le dio al enfrentamiento cierto toque de dramatismo. Se planteó un partido de ida y vuelta, con mucho vértigo. Del trámite no recuerdo detalles, si un estado general de nervios, por las alternativas del resultado primero y después por el lento transcurrir de los últimos minutos, que acercaban inexorablemente al título y a la gloria.
Lo acontecido con posterioridad aparece en mi memoria en una sucesión de imágenes desordenadas, borroneadas por el tiempo. Recuerdo el sano desenfreno de un festejo eufórico; mi ropa mojada por la transpiración producto del calor ambiente y los nervios, que terminaría por empaparse con el agua de la pileta luego de una forzosa zambullida final. Tengo presente los abrazos, los cánticos, la emoción desbordante de jóvenes que vivían una experiencia inédita. La alegría un poco más medida de otros, no tan jóvenes, muchos de ellos reviviendo pasadas glorias propias ocurridas tres lustros atrás en el tiempo. La añoranza de algunos, menos jóvenes aún (más viejos, sin tanto rodeo) envueltos en remembranzas de años diferentes. Todos, sin excepción, unidos por la misma inconmensurable satisfacción de ver a la camiseta verde y negra otra vez al tope de una competencia.

El rugby, en general y el club en particular me han brindado, en lo personal, a lo largo de más de medio siglo, muchísimas satisfacciones. De todas, ese campeonato del Tucumán Verdinegro y el título argentino del Tucumán Naranja en 1985, fueron las que las viví más intensamente, las que más me conmovieron. A los integrantes del plantel del ´77 no los voy a olvidar nunca. Será por haber estado, circunstancialmente, cerca de ellos en ese exitoso proceso que lideró Julio, o simplemente porque existió buena onda comunicativa en la convivencia de club, lo cierto es que me sentí identificado con todo el grupo, tanto con los mayores como con los más jóvenes.
A algunos los había entrenado en una segunda división inolvidable, en la que estuvieron destacados jugadores en camino del retiro, otros más jóvenes y algunos “voluntarios” con los que armamos un grupo que se divertía a través del rugby. Aprovecho esta recordación para rescatar al grupo como un ejemplo de lo que puede este deporte bien entendido. ¿Nombres? Recuerdo, entre otros, a Otto, Ezequiel y “Tachuela” Paz, Guido Terán, Ernesto Terán Vega, “Peco” Varela, Juan Pablo Molina, Manuel Avellaneda, “Guillo” Decoud, “Chita” Peñalba, “Torta” Acosta, “Pilón” Aguirre. Hubo casos notables en esa segunda. La integraron, por ejemplo, Carlos Fagalde y José García Pinto, que habiendo prácticamente dejado la práctica activa, se sumaron a esa segunda de amigos y volvieron a jugar en primera e incluso en el seleccionado. O “Manzana” Maciel, que empezó a jugar ya grande en esa división para llegar, con tesón y riojana perseverancia, a ser un hooker de primera. Y además campeón. O el mismísimo José Posse, referente principalísimo del plantel campeón del 77´.

autor: Jorge Bascary,
Libro: Mas que un club, una amistad