Tucumán Rugby: el festejo de 50 años plenos de títulos y armonía

Nota de Alejandro Coccia publicada en diario La Nación

Todos aquellos que, por algún motivo, tuvieron que atravesar el umbral del Tucumán Rugby comprobaron que, no en vano, los portones permanecen siempre abiertos. Constataron, también, que el lema que identifica a la entidad de Marcos Paz – Más que un club, una amistad – tiene mucho que ver con las sensaciones que se viven allí, casi en las laderas del cerro San Javier, donde el calor humano supera la frecuente alta temperatura de la capital norteña.
Hace unos días, la institución que más títulos logró en la historia del rugby tucumano – 16 conquistas – celebró sus 50 años. Y lo hizo de la manera más linda: festejando el quinto campeonato consecutivo.
Fue en los albores de septiembre de 1942 cuando un grupo de jóvenes decidió la fundación de “un club de rugby”. Sin embargo, la consolidación institucional se produciría en los ’70, con la construcción de la pileta y de las demás instalaciones que, hoy, muestran con orgullo: cuatro canchas de rugby reglamentarias, otras cuatro para los infantiles, dos canchas de tenis e igual número de paddle, otra de squash, dos de hockey sobre césped, además de un gimnasio.
Pero de nada valdría este inventario si no se menciona todo aquello que forma parte del alma del club: la buena onda, el esfuerzo para que el visitante se sienta como en su casa. O mejor.
Desde hace varios años, el Tucumán Rugby es presidido por el ingeniero Juan Carlos Griet, un hombre desprovisto de protocolo y, a menudo, blanco de las “cargadas” que parten de la tribuna oficial, generalmente promovidas por especialistas como el “Negro” Gabriel Terán.
Otras de las personalidades más importantes es, sin duda, Julio Paz, quién cumple las funciones de capitán general de rugby, pero que, en realidad, es el motor de todo cuanto sucede en la entidad de Marcos Paz, incluido el torneo nacional “Veco” Villegas (para menores de 19 años).
Paz ostenta, además, el orgullo de ser uno de los dos tucumanos – el otro fue el octavo de Universitario Jorge Ghiringhelli – convocados para el seleccionado argentino, satisfacción que, años más tarde, conseguirían Julio Bach, Jorge Posse, Ricardo Sauze, Santiago Mesón, Ricardo Le Fort, Agustín Macome, José Santamarina, Martín Terán, Julio Paz (h) y Sebastián Paz Posse. A la nómina podría agregarse un infiltrado porteño: Guillermo Lamarca, ex Hindú que recaló en Tucumán y, luego, entrenó a Los Pumas y a Los Pumitas.
Pero no fueron los únicos destacados: hombres como José “Pepe” Terán (padre de Martín), Raúl y Alejandro Frías Silva o Rofi Montini dejaron su huella en generaciones posteriores.
En fin, son muchos los motivos por los cuales el club de Marcos Paz merecía un homenaje en sus bodas de oro. Pero, seguramente, ninguno tan valioso como el reconocer que allí se respira una atmósfera distinta, casi mística: la de la armonía.

Alejandro Coccia