MISCELÁNEAS JUNTO A YITA NOUGUÉS

Tucumán Rugby, más que apenas quince camisetas, era un lugar donde se celebraban los inalterables valores del "Espíritu del Rugby".


Algún día nublado e impreciso jugábamos al fútbol, quizás premonitoriamante, en el  -todavía- Club de Natación y Gimnasia. Como corresponde a este tipo de competencias, el partido era gritado...y aburrido. Recuerdo a la figura de mi padre aproximándose. Lo acompañaba quien habría de ser en los años siguientes, mi personaje inolvidable: Mario Leal Santillán, el "Loco Leal", seguramente el jugador más importante que tuvo el rugby tucumano, por habilidad, conocimiento del juego y por  capacidad docente. El partido se interrumpió y yo fui invitado por el "Loco" a vivir, metido en la camiseta de su club, Tucumán Rugby, emociones que ya no habrían de interrumpirse. El rugby tucumano recién fundado, quería crecer...
     El primer partido de rugby que ví en mi vida  lo jugaron un grupo de tucumanos reunidos por mi padre Isaías Nougués y el profesor Mario Santamarina para enfrentar a un equipo cordobés (creo que Jockey  Club) en la cancha del Club de Natación y Gimnasia instalada a instancias de mi padre y Mario mucho antes que se produjera la fundación de lo que inicialmente fuera la Unión de Rugby del Norte.
La camiseta elegida por estos próceres de nuestro rugby fue la marrón, que en Buenos Aires utilizara  el Hindú Club para enfrentar  a los sudafricanos. En memoria de esa camiseta fundacional, la Unión, con el acuerdo de todos los clubes, la adoptó y estrenó en la cancha del CASI en el campeonato argentino de 1949.Los años anteriores (1947 y 1948) se utilizaron las camisetas de Tucumán Rugby y Natación y Gimnasia.
En esa ocasión se pensó en la necesidad de crear un escudo para la camiseta. Gracias a la gestión del "Mula" Foguet lo diseñó ese gran artista que fue Juan Lanosa. Desgraciadamente, no sé qué destino pudo haber tenido el original, una verdadera obra de arte, donde se destacaba la delicadeza en el movimiento y trazo de las formas.
     Encadenando recuerdos a partir de los escudos no puedo dejar de mencionar la importancia otorgada al escudo de Tucumán Rugby -idea de Víctor Rodolfo Montini que yo ejecuté- que solamente podía ser utilizada en la camiseta por quienes hubieran sido distinguidos con el "Cap".
Antes de haber entrado a una cancha el Loco Leal decidió mi puesto: Yo debía ser full-back por mi seguridad de manos y porque pateaba bien con las dos piernas...Mi padre fue a rescatar a Pepe Terán y Juan Carlos Griet que casi cayeron en manos de Cardenales, que seducía con la siempre fresca y disparatada presencia de Ricardo y Enrique Martínez Pastur...Llegaron Pepe Terán y Keko Frías . Al año siguiente lo haría Raúl Frías Silva. Era el momento del encuentro, los fundadores ponían en nuestras manos la responsabilidad de trasladar esa hermosa idea para ubicarla en el futuro. Para ello debíamos comenzar a conocernos para conformar "más que un club una hermandad"; verdadera escuela de vida donde comencé a saber de mí...Seguramente fue parte de la maravillosa herencia que me dejó mi padre.
Tucumán Rugby, más que apenas quince camisetas, era un lugar donde se celebraban los inalterables valores del "Espíritu del Rugby".
     Desde una nebulosa de tristeza y ternura parecen brotar las figuras de aquellos pioneros con sus pantalones hasta las rodillas y los inmensos botines de caña alta y puntera redondeada que persiguiendo una pelota nos señalaron un horizonte que todavía no imaginábamos. Al nombrarlos me parece estar rezando...Bertie Godward,"El Loco" Leal Santillán, Basilio Carrasco, El Gordo Novillo, El Negro Farías, Titi Lehmann, Rafilo Castillo, Rofi Montini, Jimmy Lord, El Gordo Ruiz, Eduardo Alonso Crespo, mi padre...eran las piezas fundamentales de un equipo al que habríamos de incorporarnos...Después llegarían para quedarse Raúl y Alejandro Frías Silva; también mi hermano José María que abandonó junto al touch su raqueta y su futuro como jugador de tenis.
No puedo olvidarme del  Chato Paz, Nallib Candalaft, Emilio Doz, El Ruso Schorr, el Gaucho Manuel Martínez... Éramos los primeros y bajo la presidencia del querido Roberto Alvarado iniciamos el camino que habría de marcarnos por el resto de nuestras vidas.
Al año siguiente,1947, pudimos comprar más camisetas y cada cual tuvo la suya.
Mencionar al mejor jugador que ví, no será, seguramente, una referencia de valor absoluto, sino tan solamente una expresión de mi subjetividad. Al hacerlo, estaría destacando alguna -o algunas- de las virtudes que movilizaban mi admiración y que, probablemente, el tiempo habrá perfeccionado hasta hacerlas inalcanzables, para mí ya no habrá mejor intérprete que quien en cada jugada dibujara la síntesis de este maravilloso juego donde a través de una necesaria aptitud física se evidencia la mejor calidad espiritual.
Hoy, que ya los músculos se hacen de algodón y los huesos se expresan libremente entre dolores y crujidos, descubro que cuando quise recordar al mejor jugador que yo ví jugar, se presentaron muchos, hasta saturar mi memoria   con las imágenes que los hacía diferentes. Jugaban para mí, privilegiado espectador de un partido que en la evocación no tiene final. Y allí corren los mejores; Mario Leal Santillán, Rofi Montini, Olaf Heydl, Alejandro Frías Silva...Soy  en cada uno de ellos...porque de cada uno aprendí.
De Isaías, mi padre, aprendí que el amor por el juego nace de la humildad que  suma, de la entrega de quien jamás se entrega y el respeto que se hará afecto por quienes comparten la cancha con una camiseta diferente para hacer de cada partido, una dimensión que se enriquece en el recuerdo.
     Con el tiempo, los resultados puramente deportivos se diluyeron, pero permanecen como legado inalterable el testimonio de quienes a través de las generaciones nos reúnen apretadamente para celebrar el Espíritu del Rugby.
De lo que fui como jugador podrán opinar otros. Tan sólo diré que tenía muy buena colocación, seguridad de manos y que pateaba muy bien con una u otra las pierna.
De quien más aprendí fue de ese estupendo jugador y maestro de jugadores que fuera Mario Leal Santillán.
Su gran amigo, Cacho Valdez escribió acerca de Yita: “-Su “torpedo kick”  se hacía verdad frente a la gran sensibilidad de su pie, cuando acariciaba la pelota. Verdad geométrica y significativa, capaz de describir con ella, una graciosa “parábola rotatoria” buscando hacia el cielo su tucumano cenit. Luego, el descenso final, según su intencionada trayectoria para mandarla que yazca, en el lugar matemáticamente calculado por su imaginación.
Ya era artista en el rugby y fue el primero en avisarnos que el juego no estaba exento de belleza; nada más que él  -insustituible exegeta-  lo afirmaba claramente.
Con mano enérgica trazó rectas y curvas que, a partir del origen propuesto, mostraban armónicamente trayectorias de la vida, de sus gentes y sus momentos, presintiendo el vibrar del retorno.
Dibujo de ensueños con las manos, construcciones estéticas con los pies,  fue el primero en ver otras cosas y entregárnoslas, para nuestro deleite”.