UN RECUERDO DE JULIO JULIÁN POSSE

Es probable que la gran mayoría de los que frecuentan los ámbitos deportivos lo hayan conocido. No obstante, poco a poco van a ir emergiendo generaciones nuevas, para los que solamente será un nombre más, entre la pléyade de personalidades que mentamos siempre, que atesoramos en la memoria de quienes continúan en la senda ancha y abierta que nos marcaron los que ya no están.

Amigos, se cumplen este Diciembre de 2007 tres años de la desaparición de Julio Julián Posse.  Julio Julián murió en un desgraciado accidente, en los cerros tucumanos que tanto amaba, en una travesía desde Raco hacia Tafí del Valle. Él, que era un jinete avezado y prudente. Él, que era una fortaleza notoria. Él, que ayudaba y aconsejaba a todos, poniendo cuidado en cada pormenor de esos viajes, el guía, el hombre protector y diligente, el que naturalmente asumía el comando y la responsabilidad de las empresas colectivas, cayó al abismo misterioso, dándonos, con su muerte, tal vez el mayor ejemplo de todo lo que predicó en su vida: por mucho cuidado que pongamos, el designio de Dios está siempre más allá de nosotros.

No fue sólo un “jugador de rugby”. Fue mucho más que eso. Fue un rugbista de alma. Un deportista completo, imbuido de la ética y de la mística que el deporte colectivo genera. Un aunador, un convocante. Fuerza, belleza, inteligencia, finalidades claras y precisas. Honestidad por sobre todo. Disfrute colectivo, éxito del alma más que del cuerpo. Templanza en la amistad, en la camaradería. Amor por los fines comunes: por su club, por sus amigos, por su gente, por sus tradiciones. Amor por sus conocimientos amplios y esmerados. Amor por su profesión, por sus emprendimientos. Julio Julián era un hombre de personalidad rebosante, generoso, abierto a tantas inquietudes, ocupado de todas las cosas y de todos. Para los pocos que no lo conocieron, imagínense la imagen de rudeza de un hombrón de 100 kilos y más de 1,80.Rugbista, caballista, golfista, dotado de un dinamismo físico apreciable. Pero ése hombre, mucho más allá de su viril presencia, encerraba una ternura que provenía de su más destacable virtud: Julio Julián era un hombre bueno. Hoy es difícil calificar así a una persona. Bueno, con él no habían dudas. Era Bueno. Un paradigma, un hombre que tenía igual fuerza muscular que anímica, que espiritual. Disfrutaba de un excelente swing arrojando la pelota de golf hasta donde se perdía la vista, pero también se conmovía con un pájaro herido, con un atardecer soleado, con una canción o con un poema.

Por eso hoy, a tres años de su ausencia, seguimos recordando al amigo, al caballero de las canchas y de las tribunas, al entusiasta que con igual vehemencia gritaba un try o acariciaba un niño. Con hombres como Julio Julián Posse se forjan las instituciones. Por amigos como él, perduran los abrazos, la alegría de los recuerdos. Vaya nuestro recuerdo y nuestra gratitud por su memoria y su ejemplo.

autor: Dr. Pedro León Cornet