Ricardo Keko Frías

Ricardo ‚ÄúKeko‚ÄĚ Fr√≠as es todo un personaje del deporte tucumano, acaso la versi√≥n local de un Charly Menditeguy, aqu√©l porte√Īo de antolog√≠a que brill√≥ en todos los deportes en los que particip√≥. Keko ten√≠a una ductilidad √ļnica para la pr√°ctica deportiva, asimismo derrochaba coraz√≥n y una garra, que lo hac√≠an incansable: pod√≠a bajarse de un caballo de polo luego de un partido en la cancha del parque 9 de Julio, para calzarse los botines y jugar como si nada al rugby en el predio que exist√≠a en el referido parque.



A pesar de su exiguo físico, Frías apenas pesaba 53 Kg. y medía 1,58 mts., llegó a jugar en la primera de Tucumán Rugby muchos años y  en el Seleccionado Tucumano de Rugby, del cual fue capitán. Tuvo cuatro de handicap en Polo, el más alto de su época y aunque nunca fue su especialidad, fue campeón del abierto del Norte de Golf  en su categoría. Aprendió a jugar al golf observando, jamás tomó clase alguna. Asimismo jugó al Fútbol en la primera de Allboys en forma destacada, Ganó varias carreras en el hipódromo local, donde en ocasiones participaban hijos de socios del Jockey Club. Practicó box, natación y si hubiera tenido más tiempo se hubiera dedicado también a otros deportes. En tiempo y forma se recibió de abogado, profesión que aún ejerce. Por tanto, el “Negro Keko”, como se le conoce cariñosamente, es un ejemplo de cómo una persona que naturalmente  no ha sido dotada con atributos físicos sobresalientes, puede convertirse en un deportista de excelencia a fuerza de entrenamiento duro, sacrificio constante, valor, determinación e inteligencia, todo esto salpimentado de ese ímpetu que irradia a cada momento. Con los años se convirtió además en un consumado jugador de Bridge.
Asimismo fue un auténtico club-man desde la dirigencia de Tucumán Rugby, del Jockey Club de Tucumán y del Tucumán Polo Club. Es que en Keko se conjuga una exquisita simpatía, mezclada con un don de gentes que brota naturalmente de él.
    Su secreto fue el ser un gran apasionado de las cosas que le gustaban, vivía el deporte con la pasión y la entrega del que ama profundamente lo que hace. Como debía estudiar y trabajar, muy temprano por la mañana corría 40 vueltas alrededor de la manzana de su casa para estar siempre entrenado, esto lo hacía todos los días de su vida.
Sabía leer el juego, además lo estudiaba en cuanto libro caía en sus manos y no perdía partido sin ver. Incluso, cada vez que viajaba a Buenos Aires, dedicaba sus fines de semana observando los principales partidos. Allí tuvo entrañables amigos como los hermanos Hollemberg de CUBA y el recordado “Gringo Herman” de HINDU, entre otros.
Jugaba de apertura, aunque fue centro y algunas veces fulback, como aquella vez representando al seleccionado de Tucumán, al lesionarse Reginatto que ocupaba ese puesto, se improvisó para jugar un excelente partido. Es que por entonces no había cambios y el que salía lesionado no era reemplazado.
En la cancha, como en la vida, Frías fue siempre un caballero, aunque era “áspero y picante”, al decir de sus contemporáneos, sobre todo cuando veía alguna deslealtad en el juego. Jamás un equipo en el que él jugara se dejaría pasar por encima, de lo que puede dar testimonio aquel épico team de Pucará de los años cincuenta que jugó en Tucumán.
Su pasión por el Rugby comenzó en 1946 cuando tenía 18 años. Un día fue a ver a sus amigos “Chato Paz” y Mario Santillán jugar un partido en cancha de Natación. Como a Tucumán Rugby le faltaba un jugador, le pidieron que entrara, para lo cual le prestaron unos botines (tamaño 45, cuando él calzaba 39) y se divirtió tanto, que al partido siguiente ya fue con un bolso con ropa propia y por supuesto lo hicieron entrar ya que había descollado en su primer encuentro con la ovalada.
Su padre, el recordado Ricardo “Keko” Frías, lo seguía mucho en sus actividades deportivas. Tuvo el primer automóvil Hudson de la provincia, el que a veces Keko (h) utilizaba para ir a los entrenamientos en la única cancha de Natación y Gimnasia, donde entrenaban todos los clubes de la provincia. Esto, sumado a que jugaba al Polo, “el deporte de los príncipes” y tenía modales caballerescos, le valió una famosa caricatura del dibujante Sirgo del diario La Gaceta.
Cuando hubo que dar el gran paso de comprar los terrenos para el club, él se jugó a fondo. Ocurrió en 1958: los socios anhelaban desde siempre una cancha propia, razón por la cual  un grupo de jóvenes entre los que se encontraba Frías, tentaron a “don Antuco Rusiñol Frías” para que vendiera tres hectáreas de su finca cañera en Yerba Buena. Quizás un poco descreído en los reales recursos de los chicos, los conminó a poner una garantía, a lo que Keko de inmediato accedió dejando un cheque por tres mil pesos a favor del vendedor. Frías no tenía esa cifra, así que tuvo que recurrir a su padre para poder cubrir el valor. Esos terrenos estuvieron 11 años a su nombre. Rifas, fiestas y donaciones subsiguientes cubrieron el saldo. Gracias a ello, Tucumán Rugby pudo asentarse definitivamente y evolucionar. Sólo por este hecho Keko Frías debería pasar a la historia grande del club, pero fue mucho más, ya que como jugador dejó una impronta inolvidable.
Integró junto a Alejandro Frías Silva, Pepe Terán y Yita Nougués aquel equipo de seven de Tucumán Rugby que ganó, enfrentando a los principales equipos del país, con grandes elogios de la prensa, incluso la revista El Gráfico les dedicó dos páginas. Como era pequeño, tackleaba siempre abajo, en forma vehemente y fulminante. En ataque era certero y sabía distribuir el juego de manera inteligente y precisa. Tuvieron que pasar muchos años hasta que Tucumán Rugby tuviera en Ricardo Sauce, un apertura de la talla del inolvidable “Keko Frías”.
Considera que Alejandro Frías Silva fue el mejor jugador en la historia del club y quizás del rugby tucumano: “podía dar un pase preciso a 40 metros, tenía inteligencia, viveza, ductilidad de manos y una agilidad asombrosa”.-
Para él, es fundamental el Coutching del club, para lo cual propone un jefe de entrenadores que baje una línea directriz. “Es fundamental la formación integral del entrenador, el que preferentemente debe salir de las canteras propias. De esta manera se aseguraría que los valores y el espíritu que transmitieron los fundadores de Tucumán Rugby, trascienda a las nuevas generaciones”.
Por todo lo dicho, Ricardo “Keko” Frías integra la nómina de las principales figuras de nuestro club, y una de las leyendas vivientes del deporte tucumano.

autor: José M. Posse