Roberto Incendio Terán Vega

Para aquellos que lo ignoran, “Incendio Terán Vega” se llama en realidad Roberto. Su figura, infaltable en cuanto evento acontece en Tucumán Rugby, es ya una marca registrada, como lo es su sombrero repleto de pines que los chicos y amigos le regalan y su silla al borde de la cancha. No existe niño en las inferiores del club al cual Roberto no haya hecho pasear en su cuatriciclo o le compre una “achilata”, o le regale su espléndida sonrisa, dándole un consejo paternal o retándolo con firmeza por algún desliz. Sin duda, la figura señera de Terán Vega es parte de la esencia misma del club.

Comenzó a jugar al Rugby en el Colegio Sagrado Corazón allá por el año 1945. En 1949 jugó un año en Natación, junto a Ricardo Azcárate, Rodríguez Anido, los Carlino, los hermanos Muñoz, entre otros, para pasar en 1950 definitivamente a Tucumán Rugby.
 Junto a compañeros del colegio y amigos formaron una cuarta división que ganó el campeonato que por entonces disputaban con Universitario y Natación y Gimnasia, los únicos clubes que tenían inferiores. Jugaban con él: Guillermo y Manuel Avila Gallo, “Bertie” Frías Silva, Jorge Bascary Zavalía, Ernesto Paz y su hermano “Guré”, Mario Santamarina (h), “Pichin” Cruz Prats, León Lohezic, “Edie” Nougués, “Richard” Posse,  “Frankie” y Patricio Sherriff, el “Coreano” Antich, el “Gordo” Viaña, el “Cabezón” Cajal, entre otros. La única cancha existente era la de Natación y Gimnasia y luego se habilitó otra en el Parque 9 de Julio, al lado de la cancha de Polo que por entonces allí existía.
 Tiene vívido aún el recuerdo de los paseos junto a sus amigos adolescentes después de los entrenamientos por la plaza Independencia con aire marcial, con el bolso de lona cruzado en el cuerpo, presumiendo a las beldades de su época.
Debutó casi casualmente a los 17 años en la primera del club contra Cardenales para completar los 13 jugadores que como mínimo, se exigía por equipo para entrar a la cancha. Jugó ya de manera oficial a los 18 años, en el año 1954.Allí jugaban, entre otros: “Chicho” Páez Marquez, el “Mudo” Griet, los  Farías, los hermanos “Rofi” y “Gogo” Montini, “Roby” Cotella, Miguel Arcuri, Kueko Frías, etc. Por entonces era hooker, y luego fue tercera línea y finalmente pilar. Era un hombre muy fuerte y robusto, de gran técnica y ductilidad en el manejo de la pelota; us contrarios recuerdan que era casi imposible de tacklear.
Ese ciclo lo llevó a estar preseleccionado de la Unión de Rugby, que por entonces lucía una camiseta marrón con pantalones blancos, donde jugó efectivamente y como titular desde el año 1955 hasta el año 1962. Ese año, una seria lesión en un partido por el Campeonato Argentino ante el Seleccionado de Salta, lo obligó a dejar la práctica del Rugby. Aunque se debe destacar que nunca abandonó el club en el que continuó como entrenador y dirigente junto al inolvidable Juan Carlos Griet y a su amigo Julio Paz. Fue vicepresidente del club en varias ocasiones.
“Incendio” fue un gran deportista: jugó respetablemente bien al golf, al tenis, practicó natación, durante el período de 1974-76 llegó a presidir la Federación tucumana de natación. Estuvo entre los que hicieron posible ese completo deporte en el club, que tuvo  épocas de gloria en Tucumán. Incluso en su juventud incursionó en las carreras de autos. Cuando a fines de la década del  50 compraron los primeros terrenos en Yerba Buena, Roberto fue uno de los impulsores del desarrollo de la institución.
Con gracia recuerda la cantidad de pelotas perdidas en los cañaverales circundantes a la única cancha que por entonces tenía el club. La cantina dice: “era una canilla bajo un toldo al costado de la cancha”…Eso sí: eran famosos los terceros tiempos en casa del escribano Julio Alberto García Aráoz y su señora Elisa, uno de los más entusiastas organizadores del club, cuyo nombre no debe ser olvidado.
Con esa picardía siempre a flor de piel, evoca cierto partido en donde su temperamento lo traicionó ante una acción desleal de un rival al cual insultó vivamente. Ante esto, el capitán del equipo, Raúl Frías Silva, lo mandó al ingoal por un rato, en parte para que se calmara, en parte en penitencia…ese mismo capitán lo dejó sin jugar un partido con el Seleccionado en Bs. As.: cuando “llegué un poquito tarde al hotel”, la noche anterior a un partido…al conocerse posteriormente las “bondades de las razones del hecho”, fue indultado definitivamente…
Al respecto, escribe su amigo Cacho Valdez: “Bastante lindito que era el “Incendio” cunado era pichón. Hoy, abuelo y algo gordito, disimula lo que sabía de sí mismo. Algunas “demoras” en llegar a la “hora señalada” al lugar “más indicado” a raíz de estar en el “menos indicado”, le provocaron sanciones del Gordo De La Serna, pero algunos otros, más o menos linditos aunque menos morosos, abogaron por él.¿ Te acordás milonguita?...
El Gordo es como el árbol de su Club. No tanto por el tamaño, sino por la permanencia y por el gusto de verlo. Ambos presiden la inmanencia, razón por la cual, jamás podré decirle el “discurso”.
Por simbólico y de hacha y tiza; creo que fue el 1er. pilar derecho de Tucumán Rugby con desplazamiento de 3ª línea, antes de que algunos extranjeros establecieran que el 1ª línea debía ser feo, rústico y malo”.
Para Roberto Terán Vega, el rugby es una pasión que lleva en la sangre, quizás desde la primera vez que tuvo una pelota ovalada en sus manos. Cuando uno lo observa mirando un partido ve el disfrute personal que el despliegue del juego le despierta. Ha sido jugador, dirigente, entrenador de una famosa séptima del club, la primera que fue a jugar a Buenos Aires, ganándoles a los mejores equipos infantiles de su época.
Para él, el mejor jugador de la historia del  Rugby tucumano fue  Alejandro Frías Silva, “Drusky,” uno de los más inteligentes y ágiles que pisaron una cancha de Rugby, asimismo fue un hombre noble y un gran amigo. Claro que no olvida a Pepe Terán, a Julio Paz, a “Yita” y al “Chicato” Nougués a Otto Paz entre tantos que jugaron con él.
 Tucumán Rugby, fuera de su familia y amigos, lo es todo para “Incendio”. Llueva o truene, allí veremos al querido gordo, siempre presente, sobre todo si juega su nieto Ernesto “TITO” Iramain Terán Vega, quién además de jerarquía como jugador, demuestra la misma pasión por el Rugby que su abuelo.
En el año 1987 Tucumán Rugby le otorgó el CAP en merecido reconocimiento a su paso por el club. Asimismo en el 2000, la Unión Tucumana de Rugby lo distinguió por sus 50 años junto al Rugby, deporte del cual fue sin duda alguna, un verdadero impulsor.
 Roberto ha hecho de la amistad y la camaradería un verdadero culto, es un hombre muy agradecido, reconociéndosele además una rectitud sin mácula; pocas cosas lo ponen de peor humor como la trampa o la deslealtad en el juego. Por todo ello, “Incendio Terán Vega” es un producto acabado del club y un verdadero símbolo del mismo. La vida de Tucumán Rugby se ha desarrollado ante sus ojos cristalinos, como los de todo hombre de bien, que va dejando tras de sí la estela positiva de un obrar conforme a su conciencia y a las enseñanzas de sus mayores. Un digno vástago del “Club de los Ingleses”, quienes nos inculcaron todos aquellos valores que Roberto detentó siempre, tanto como jugador y hombre de club, como en la vida misma.

autor: José M. Posse