El Sherpa, Ra√ļl Frias Silva

En el hogar del Dr. Ra√ļl Fr√≠as Silva y Elvira Nougu√©s se respiraba vida sana y deportiva. √Čl fue uno de los introductores del Golf en Tucum√°n y ella, una consumada tenista. Tal el caso de Ra√ļl, uno de los m√°s recordados capitanes de la primera de Tucum√°n Rugby.

Tito Rivero (el destacado artista plástico, pariente político del Dr. Frías Silva) tuvo la ocurrencia de traer de Bs. As. una extraña pelota de tiento, de forma ovoide para los cinco hermanos Frías Silva Nougués. Con ella se practicaba un deporte nacido en Gran Bretaña, llamado Rugby. Ese fue un verano distinto en Villa Nougués: el germen había sido implantado en esos niños quienes durante todo el veraneo, corretearon con un balón en sus manos, ante la curiosidad de sus vecinos… Así fue el comienzo en nuestro deporte, de aquellos cinco hermanos, quienes estuvieron en la primera división de Tucumán Rugby en diferentes épocas: Raúl, Alejandro (Drusky), Alberto (Bertie), Ernesto (Beyby) y Juan. Todos fueron destacados deportistas y verdaderos caballeros dentro y fuera de la cancha.
Se lo rememora como un hombre serio, de principios  inquebrantables y muy apegado al cumplimiento estricto de las normas del juego. Siempre frontal y sincero, rindió culto al espíritu del Rugby, que aprendió de los Ingleses que fundaron el Club, con más las enseñanzas de sus mayores que daban sustento a aquellos preceptos.
Fue un verdadero formador de jóvenes a los que gustaba llevar de campamento a la montaña. Por ello es que cariñosamente se le conocía como “el Sherpa”. Allí enseñaba a los rugbistas jóvenes el sentido de la hombría de bien, del sacrificio y de la confraternidad de equipo. También les inculcaba tener amor propio, siempre dentro de un equilibrio. Para él no existían los exabruptos ni alharacas en el Rugby. Había que ser medido tanto en las alegrías como en las tristezas. Enseñanzas muy británicas, pero también arraigadas en las familias patricias tucumanas.

Fue entrenador de varias generaciones en cuarta y en segunda división. Allí  enseñaba a tener mentalidad ganadora, pero que no se ganaba a cualquier costa.

Yita Nougués lo recuerda: En 1946 yo estaba en 4to.año del secundario en el Colegio del Sagrado Corazón. El deporte -de aquellos que lo practicaban- era el fútbol. Los compañeros con los que habríamos de tener protagonismo en esta historia  de cimentar un club eran Raúl Frías Silva, Juan Carlos Griet, Raúl Viaña, Horacio Poviña. El año anterior, Raúl Frías Silva se había entusiasmado con el nuevo deporte recién fundado en Tucumán: EL RUGBY. Nos parecía, realmente, un delirante que comenzó su historia de correr tras esta pelota de forma disparatada con los colores del Club Atlético Tucumán. Nosotros, los normales, seguíamos jugando al fútbol...
Pronto Raúl Frías Silva pasaría a liderar aquel grupo de jóvenes entusiastas que tendrían  a su cargo tomar la posta de los fundadores y conformar un club propiamente dicho.
Dentro de la cancha su voz de mando se hacía sentir con sentencias inapelables. Se recuerda cierto partido en el cual la estrella del club estaba “sobrando con cargadas” a un adversario en un partido en el que Tucumán Rugby ganaba ampliamente. Luego de advertirle en dos oportunidades en que cejara con las burlas, Raúl hizo parar el partido y le pidió al referí que expulsara a su propio jugador, lo que así se hizo. Debemos recordar que por entonces no existían los cambios. Por tanto, Frías Silva prefirió seguir jugando con un hombre menos, que continuar con alguien que no estaba siendo caballero con un amigo adversario.

Es que para Raúl: “por entonces el capitán decidía, se plantaba y lideraba el equipo. Debía dar el ejemplo y no tolerar ninguna incorrección”. Por todo ello es que Frías Silva es recordado como uno de los grandes capitanes en la historia de Tucumán Rugby. Recuerda especialmente a Bertie Goodward, quién enseñaba desde la cancha “hacia la tribuna”, los fundamentos del Rugby, como deporte formador de las personas. También reconoce el trabajo fundamental de Mario Santamarina, al Loco leal Santillán, en los inicios mismos del Rugby. A Titi Lehman, a Jimy Lord, al Ing. Novillo y a los amigos que el deporte reunió como Cacho Valdez y Jorge Muñoz.
Eran tiempos de sacrificio: para ir a jugar a Bs. As. se debía soportar un viaje en tren de 26 horas en un vagón de madera. Luego, mal dormidos y prácticamente sin entrenar, debían entrar a una cancha a dar  lo mejor de ellos mismos. Esa misma noche o a más tardar al día siguiente de los partidos, volvían raudos en ese tren de horas interminables… tiempos románticos donde todo estaba por hacerse.
Fue un jugador aguerrido, implacable en el tackle, impasable cuando defendía, batallador y decidido cuando atacaba. Solidario con sus compañeros, y también con los adversarios. Para propios y extraños, la figura señera de Raúl Frías Silva, se yergue como la del hombre cabal, quién tanto dentro como fuera de la cancha no tuvo dobleces ni medias tintas. Un verdadero ejemplo para las generaciones jóvenes de Tucumán Rugby.

autor: José María Posse