El Negro Salvatierra se fue en bici hasta Iruya

Hola amigos: a mi me conocen como El Negro Salvatierra, soy productor de seguros, entrenador de rugby juvenil en Tucum√°n Rugby; participo de carreras de Ecoaventuras y hago Cicloturismo.

Si de algo me puedo jactar es que conozco mi país, desde La Quiaca hasta Ushuaia. Este año dejé retozando a mi familia en Tafí del Valle, y decidí conocer un lugar que me decían era espectacular: Iruya. Por supuesto a este viaje lo hice en bicicleta. Salí de Tucumán en auto hasta la casa de un amigo en San Lorenzo, Salta, donde armé la bici y emprendí el viaje rumbo a Iruya.

El viaje empezó por Vaqueros hasta el camino de cornisa que me llevó hasta San Salvador, Jujuy (esta ruta es una alternativa muy linda). Subiendo la cuesta me encontré con el Dique Campo Alegre, Salta, y luego pasando el Limite entre Salta y Jujuy está la ciudad de los diques: El Carmen (un pueblo vitivinícola) con diques como Los Alisos, Las Maderas, y La Cenega.

Salí del camino de cornisa y luego de unos kilómetros me topé con San Salvador de Jujuy y, siguiendo la autopista, entré en una ciudad muy residencial: Yala, cuyo principal atractivo son Las Lagunas.

Luego de andar varios kilómetros entré a la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad, al lado de la ruta el Río Grande, que me acompañó todo el trayecto de las ciudades que conforman la Quebrada: Tumbaya, Purmamarca, Maimara, Tilcara, Huacalera, Humahuaca, Iturbe y Tres Cruces.

Aquí empiezan los colores en los cerros como ocres, verdes, rojizos, amarillos y azules. Pasé por Volcan, Tumbaya para llegar a una ciudad muy importante en este recorrido como Purmamarca. En este lugar la visita obligada fue a la iglesia consagrada a Santa Rosa de Lima y que en su interior tiene pinturas Cuzqueñas. Muy cerca de ahí, está el Algarrobo Histórico donde descansaron las tropas del general Manuel Belgrano y por supuesto el clásico "Cerro de los Siete Colores".

Mientras sigo camino no dejo de admirar como la gente, a la vera de la ruta, trabaja sus tierras cultivando las verduras más espectaculares y frescas que yo haya probado, como tomate, zanahoria, cebolla, entre otras, y todo regado por el Río Grande. Se los recomiendo.

Así llegué a Maimará, otra ciudad importante dentro de la Quebrada. Es un pueblo pequeño con predominación de cultivos de frutas y hortalizas. Este lugar posee una antigua casona colonial: La Posta de los Hornillos, donde descansó Belgrano luego de las victorias de Salta y Tucumán.

Después de Maimará llegué a Tilcara, que está a 2.460 metros de altura. Cuenta con museos, centros artesanales, restaurantes, hoteles. Entre los lugares intermedios para llegar a Humahuaca tenemos a Huacalera. En esta ciudad se destaca el Molino Colonial que es obra de los Jesuitas. La escuela es de 1825.

También se destaca la Iglesia donde guardaron los restos del general Juan Lavalle luego de su asesinato en Jujuy. También tenemos el monolito al Trópico de Capricornio.

Otro lugar obligado a visitar es Uquia, a 2.900 metros; la ciudad es tan colonial como su iglesia (Monumento Histórico Nacional), donde descansan los Angeles Arcabuceros, serie de llamativas pinturas Cuzqueñas y su retablo laminado en oro 24 quilates.

El próximo paso fue Humahuaca, a 2.939 metros sobre el nivel del mar. Es una ciudad con casas de adobes, calles estrechas y empedradas; con viejos faroles coloniales que dan la impresión que el tiempo se detuvo. La Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, construida en 1631, tiene el retablo laminado en oro 22 quilates; al lado está el Monumento a la Independencia con la imagen del Cacique Viltipuco.

También se encuentra el Cabildo que fue construido en 1932 y reconstruido en 1940. Todos los días, a las 12, sale una imagen articulada de San Francisco Solano a dar la bendición a todos los que se encuentren en la plaza.

El camino entre Humahuaca e Iturbe, paso obligado para llegar a Iruya, es la parte menos vistosa del viaje. Para llegar a Iruya hay que dejar la ruta 9 y entrar en un camino empedrado pero bien consolidado de unos siete kilómetros. Cuando llegué a Iturbe se festejaba el Carnaval y la fiesta Nacional del Sauze.

Realmente una fiesta muy autóctona y divertida, pero lamentablemente no hay más para ver. De ahí quedaban 50 kilómetros hasta Iruya. El camino es de tierra y hay que cruzar como cinco veces el río y pedalear todo en subida. Se llega al paraje Abra del Condor, a 4.000 metros de altura, que coincide con el limite entre Jujuy y Salta.

Desde ahí comencé un descenso de 19 kilómetros donde uno entra en la variedad más insólita de colores atravesando el río Colanzuli. Por el camino se pueden ver manadas de llamas, ovejas y cabras.

Al llegar a Iruya la primera impresión es de un pueblo colgado. El poblado conserva sus calles angostas y empedradas, con casas de adobes, piedras y pajas. Su Iglesia fue construida en 1753.

La fiesta patronal más importante es en honor a la Virgen Nuestra Señora del Rosario. Realmente un lugar de ensueño. Valió la pena llegar a este lugar. Se los recomiendo. Luego de haber recreado el espíritu con tantos lugares hermosos, tuve que emprender la vuelta a casa.