Tucumán Rugby, el 'Club de los Ingleses'

Corría la década de 1940, en Tucumán el profesor Mario Santamarina impulsaba a su generación hacia la práctica del Rugby, un nuevo deporte que tomaba fuerzas en Argentina. En los salones del bar La Cosechera, un grupo de muchachos, animados por Roberto Alvarado y un puñado de ingleses, empleados de la sucursal tucumana del Banco de Londres, acaudillados por el inolvidable Freddy Gould, comenzaban a estructurar la idea del que fue el primer club de rugby propiamente dicho en la provincia: el Tucumán Rugby Club.


1. Santamarina (árbitro), 2. Alvarado, 3. Martens, 4 NN., 5. Giacomelli, 6. Gould, 7. Pokow, 8. Piner, 9. Bernan Peter, 10. Figueroa (linesman), 11. Curia, 12. Castillo Rafael, 13. Quiroga, 14. Sorol, 15. Carrasco, 16. Frias Willy

Las primeras reuniones en realidad se hicieron en los bancos de la plaza independencia, luego Isaías Nougués, generosamente prestó su casa para reuniones más amplias. Lo que resultó decisiva fue la integración de aquellos británicos del Banco, quienes habían abrevado el Rugby en su propia cuna; fueron los que cimentaron la esencia de este deporte entre nosotros: el sentido de hombría de bien y del cumplimiento de las normas, el respeto cuasi reverencial al referí, la fraternidad de equipo, la limpieza de intenciones y la pureza del juego, fueron transmitidas a ese grupo primigenio. Por ello, desde su misma fundación, el 5 de Septiembre de 1942, la institución fue conocida como 'El Club de los Ingleses'. En su grupo inicial, además de Gould, un caballero de recia estampa quién fue sin duda el alma mater del club, se destacaba Pocock, un escocés de gran tamaño y excelente técnica, también Galbraith, Pinner, Martens, Dennis Githings y Sinclair. Posteriormente se sumarían Horace W. Bliss y Bertie Godward. Peter Bernar por su parte, será siempre recordado como un gran maestro de los más jóvenes. De los ingleses quedó en Tucumán Rugby el gusto por el juego abierto y de manos, el takle preciso, siempre debajo de la cintura y el sentido de caballerosidad y respeto por el adversario. De aquellos años se recuerda una famosa línea conformada por Basilio Carrasco, queko Frias, el loco Leal Santillán y Rafo Castillo, jugador éste de una elegancia exquisita. También resuenan los nombres de Manso, Giacometti, del inolvidable Negro Farías, Carlos Sorol, Rodolfo Montini, aquel excepcional pianista y jugador, Juan Bustamante quién puso letra y música a una zamba dedicada al club, Pico Zavalía, Juan H. Figueroa, Isaías Nougues; luego llegaron Jimmy Lord, Pepe Terán, Alejandro y Raúl Frías Silva, Roberto Terán Vega, Chicho Paez Marquez y tantos más. Los colores de la camiseta elegida fueron: Verde, por la esperanza de ser siempre mejores, negro: por la severidad de los actos y blanco por la pureza de la intención en el juego. Durante 16 años el club no tuvo cancha propia. Se jugaba en la de Natación y Gimnasia y otra existente en el Parque 9 de Julio, cercana a la cancha de polo que por entonces allí existía. Pero en la década del 50 nació la idea de que el club tuviera cancha en Yerba Buena. A tal fin se convenció a Don Antonio Rusiñol Frías, que vendiera una fracción de 3 hectáreas de su finca cañera. Los más entusiastas en la adquisición fueron Queco Frías y Rafo castillo quienes llegaron a dar avales personales para la compra. Se hicieron fiestas, rifas, se recibieron donativos de familiares y amigos y por fin y gracias a la generosidad y enorme paciencia de Rusiñol Frías, el club inauguró oficialmente su cancha el 4 de Abril de 1958.

   


Se le puso el nombre de: 'Chato Paz', en honor a un jugador muy querido en el club quién había fallecido poco antes en un accidente. Los primeros años fueron muy difíciles: los baños y vestuarios se improvisaban en los cañaverales vecinos, no existía sede y la cancha se cuidaba de una manera muy rudimentaria. A fuerza de la pujanza y el desinterés de muchos socios, con los años Tucumán Rugby se convirtió en el club modelo que hoy es. Mucho se le debe a dos presidentes progresistas: Juan Carlos Griet y Julio Paz. Es el club que más títulos lleva ganados (20) y que más Pumas tucumanos ha dado al seleccionado Argentino de Rugby. Pepe Terán jugó en un combinado nacional, que llevaba el emblema de un Puma en el pecho, extrañamente su nombre no figura en ninguna nómina, lo que debería corregirse. Luego Julio Paz participó en el seleccionado Nacional de Provincias Argentinas en 1966. Cuando el Seleccionado Argentino de Rugby pasó a conocerse internacionalmente como Los Pumas, Tucumán Rugby fue una verdadera cantera de ellos: el primero fue Julio Bach, luego Jorge  Posse, Ricardo Sauce, José Santamarina, Ricardo Lefort, Agustin Macome, Santiago Mesón, Eduardo y Pablo García Hamilton, Sebastián Paz Posse, Julio José Paz , Martín y Gabriel Terán, Martín Pfister y Pablo Fernández Bravo. Acaso merecieron serlo varios más, entre los que se destacan: Fabián Landa, Yayo de la Vega, entre otros.  Verdaderas dinastías de jugadores se han nutrido del club, siendo la más numerosa la de la familia Macome, o la de Pepe Terán Nougués y sus hijos, o la de los hermanos Julio Julián, José Nicanor, Jorge y Federico Posse Padilla, la de Los Paz Rougués, los hermanos Bach, los Griet, Santamarina, los Meson, Lefort, entre tantos nombres.

   


Generación tras otra, el rugby capta más adeptos entre nosotros. Este año, luego de una sequía de seis años, Tucumán Rugby se coronó nuevamente campeón en un encuentro inolvidable contra universitario. Los más veteranos que asistieron al partido, no pudieron ocultar su emoción, ya que todos los que alguna vez jugamos al Rugby, sabemos del sacrificio y de la entrega que significa la práctica de éste deporte aún amateur. Por ello la valoración de lo que significa la coronación de tanto esfuerzo: un campeonato. Es que el Rugby posee esa esencia viril, como un llamado ancestral guardado en nuestro código genético: el desarrollo de un partido tiene algo de batalla, de estrategia, de valor y locura, de hermandad y pasión. Por todo ello el Rugby sirve para conocerse a uno mismo, medir fortalezas y debilidades; virtudes y defectos afloran a poco andar en la práctica de ésta verdadera escuela de vivir.

autor: JOSÉ MARÍA POSSE 

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